miércoles, 22 de mayo de 2013

Desatenciones (parte I)

- No es por ser quejosa, ¿no?… pero me parece que es una enfermedad que tengo – sentenció Paula.
- ¿Pasa algo? – pregunté.
- ¡Pasa todo! – rezongó. Dio un suspiro cinematográfico y continuó: - Cuando no tenía novio, me quejaba porque estaba sola… Cuando conocí a alguien, me quejaba porque era re lento y no avanzaba… Cuando empecé a salir, me quejaba porque no era la novia y me tenía como su chapante… y ahora que es mi novio…
- ¿Es mujeriego? ¿Machista? ¿Rata? – pregunté.
- ES DESPISTADO! – gritó Paula. 
- ¿En qué sentido? – 
- Mirá, te explico: ¿Viste que empecé a laburar?, bueno, estoy chocha, puedo hacer lo que se me cante con la plata, ¿no?… Cobré el mes pasado y estábamos por cumplir meses de novios… y le quise hacer un regalito, ¿no?... Me fui a la lencería del shopping, me gasté la mitad del sueldo en un conjunto super sexy, así para usarlo cuando esté con él, ¿no?
- ¿Y qué pasó?
- ¡Pará! Acá viene lo mejor… esa noche salimos a tomar algo, y después fuimos a su casa… yo tenía puesto lo que me había comprado, ¿no?
- Y…?
- ¿Podés creer que ni me miró? El muy puto me sacó todo como si tuviera de esas bombachas gigantes como usa mi abuela, ni se fijó en la bombacha transparente que tenía, ni en el corpiño con encaje… Le dije que lo había comprado para él, y me dijo “Me hubieras comprado algo que use yo!” 

Moraleja:
Un poquito de observación (y atención) no vienen mal… Pero acordate, es un arma de doble filo, ni se te ocurra comentar que tiene un rollito o que se depiló mal las piernas!

No hay comentarios:

Publicar un comentario